La tragedia del HMS Serpent

La tragedia del HMS Serpent
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Las costas de Camariñas, en el litoral gallego, esconden un recinto muy especial: el Cementerio de los Ingleses. Es allí donde descansan en un sueño eterno el capitán Harry Leith Ross y sus jóvenes oficiales desde noviembre de 1890, cuando el barco de la corona británica en el que viajaban sufrió un desgraciado accidente que se cobró las vidas de casi toda la tripulación. Hablamos del HMS Serpent, uno de los naufragios que más repercusión tuvo a finales del siglo XIX.

En los días posteriores a la tragedia, los vecinos de Xaviña y Camariñas se volcaron ayudando a dar sepultura a los cuerpos rescatados, consagrando el lugar donde ya estaban enterrados a su vez los del Irish Hull, que naufragó siete años antes en la punta Boi. A partir de la tragedia del Serpent se iniciaron una serie de reformas para mejorar la navegación en este litoral, como la construcción del nuevo Faro Vilán. Pero vamos a adentrarnos en la historia de esta tragedia marítima…

HMS Serpent fue un crucero de tercera clase de la Royal Navy. La noche del lunes, 10 de noviembre de 1890, el buque acorazado inglés, proveniente de Plymouth, se dirigía a prestar servicio en las bases navales de Sierra Leona. A los mandos iba el comandante Harry Leith Ross acompañado en cubierta de guardia del teniente Richards.

El día había amanecido con temporal, visibilidad reducida por la continua lluvia y olas que superaban los 10 metros. La situación no había mejorado a lo largo de la jornada por lo que, llegado el anochecer, el comandante dio la orden de virar un poco más a estribor para alcanzar la costa. Sin embargo, la mala visibilidad y las condiciones meteorológicas adversas, estaban a punto de desencadenar la tragedia. De hecho, el Serpent tardó unos minutos en encalarse en una roca ubicada unos 600 metros por fuera de Punta do Boi, en el Cabo de Finisterre, y ser envestido por una ola que levantó el buque y lo estrelló contra el fondo rocoso.

En un primer momento las informaciones fueron muy confusas. El diario “El Telegrama” hablaba de unos 270 muertos, aunque la cifra real se confirmaría días después, el 15 de noviembre, conociéndose entonces que a bordo del crucero viajaban 175 tripulantes, de los cuales lograron sobrevivir Erwind Burtton, Frederick Gould y Frederik Costín.

No es difícil imaginar que en 1890 los medios al alcance no gozaban de la rapidez actual. Además, tampoco era fácil traducir lo que los supervivientes decían, ya que nadie les entendía, por lo que el conocimiento de lo ocurrido se supo un día después. Se conoció también que el golpe fue tan enorme que el barco acabó partiéndose en dos y los marineros rescatados que se hallaron en cubierta cayeron al mar nadando hacia la costa a merced de las olas.

Como dato curioso cabe destacar que era la primera vez que se usaban chalecos salvavidas, con los que se pudo rescatar a los tres naúfragos, aunque por desgracia no había más para el resto de la tripulación, de modo que, tras el el trágico naufragio, la Royal Navy estableció obligatoriamente que todos los barcos llevasen chalecos salvavidas suficientes para toda la dotación.