Leyendas y supersticiones marítimas

Leyendas y supersticiones marítimas
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Ahoy, marinero. Hoy te traemos una temática que seguro te va a gustar, así que presta atención. Desde tiempos ancestrales la gente de mar ha sido extremadamente supersticiosa. Y es que enfrentarse a un elemento de la naturaleza tan poderoso e inabarcable puede, quizá, explicar esa necesidad de aferrarse a rutinas que garantizasen la buena suerte en un intento por protegerse ante los designios del azar. Vamos a hacer un repaso por algunas de las supersticiones y costumbres más conocidas y curiosas en este fascinante mundo de la navegación.

Aunque algunas tradiciones se hayan perdido en el camino, existen supersticiones universales, originadas por algunas tradiciones y creencias, como las que te contamos a continuación:

Prohibición de llevar un paraguas a bordo: se trata de una creencia extensible en todas las marinas del mundo. Además de por lo absurdo de portar un objeto de nula utilidad en un barco, los paraguas gozan de malísima reputación, ya que se consideran fuente de supersticiones y a los que se atribuyen las calamidades pasadas y venideras relacionadas especialmente con el mal tiempo y los naufragios.

Silbar a bordo: parece ser que esta curiosa costumbre encuentra su explicación en el miedo a que el silbido genere borrasca. Es curioso por ejemplo el caso de los franceses, a quienes se permite silbar solo en caso de que no haya viento. Tradicionalmente parece ser que el silbato es considerado un gesto de soberbia del marinero, que intenta desafiar al viento, atrayendo incluso la ira del mismo diablo. Incluso en algunos casos se prohibe transportar cualquier instrumento de viento.

El color verde: al igual que en el mundo del teatro el amarillo es un color prohibido (que se lo digan al bueno de Molière, por quien esta costumbre empezó a extenderse en la cultura popular; aunque no es en este episodio en el que nos toca contar esa historia…), en los lares de la navegación no quieren saber nada del verde. En este caso parece que son dos los motivos que lo explican: el color verde del moho que podría atacar la madera de los veleros, por lo tanto, resultando muy peligroso para su desintegración y consiguiente hundimiento. En segundo lugar, como representación del color verdoso de los cadáveres de los oficiales navales si estos habían muerto durante largas jornadas de navegación y eran luego devueltos a sus familias tiempo después presentando esta tonalidad y en dudosas condiciones de frescura…

Cambiar el nombre de un barco: totalmente prohibido. Existe una creencia directamente relacionada con el alma del barco. Y es que, en el momento de poner un nombre, este queda inscrito por siempre en el Registro de las Profundidades, custodiado por Poseidón. Cambiar el nombre significa, por tanto, contrariar a los dioses exponiéndose así a terribles castigos.

Llevar flores a bordo de un barco o que un sacerdote viaje con la tripulación: en ambos casos la creencia tiene una relación directamente vinculada con la muerte. Así, mientras que las flores se rechazan por considerar que su uso únicamente está destinado a las coronas de los funerales, cuando fallece un marinero, en el caso de los sacerdotes, estos visten de negro y ofician los funerales, así que ninguna de las dos presencias es bienvenida a bordo. Eso sí, en caso de que no hubiera más remedio que compartir viaje con un sacerdote, este viajará en los barcos con la condición de no acceder a determinadas áreas.

Pronunciar la palabra “ahogado” a bordo de un barco: lógicamente y, como en otros casos de parecida naturaleza antes mencionados, se trata de un término símbolo de mal augurio y catástrofes.

No sabemos si la próxima vez que subas a un barco tendrás en cuenta alguna de estas costumbres pero, por si acaso, hazte con tus @patatasmarinas para atraer la buena suerte a bordo;)