Martha Coston y la señalización marina

Martha Coston y la señalización marina
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Seguramente su nombre no te suene de primeras porque, como ha ocurrido en tantas ocasiones, por desgracia la sociedad en que vivía mantenía en la sombra a tantas y tantas mujeres célebres. Conozcamos su historia de cerca.

Nacida en Baltimore en 1826, Martha queda viuda a los 21 años acarreando una dura situación económica y al cuidado de cuatro hijos pequeños. Su marido Benjamin, inventor, dirigía el laboratorio de investigaciones de la Marina norteamericana y murió debido a la exposición continua a humos tóxicos.

Antes de morir, Benjamin había comenzado unas investigaciones que no habían ido más allá de varias fórmulas químicas y unos planos en los que se asociaba cada señal a un número y una letra. Basándose en esos bocetos, Martha, que carecía de formación técnica o científica, acabó las investigaciones logrando idear un sofisticado sistema por el que para encender una señal simplemente había que quitar una cinta, abrir una tapa y prender una bengala con una cerilla. Si se deseaba expresar un mensaje compuesto por una combinación de varias señales, había que disparar una detrás de otra lo bastante rápido para después dejar pasar un minuto antes de prender la siguiente, jugando a su vez con la combinación de colores.

Lógicamente, el camino para lograrlo no fue sencillo. A su falta de conocimientos técnicos se unía la dificultad añadida de la época en que vivía, en la que las mujeres parecían destinadas exclusivamente a mantener la casa y criar a los hijos. Pero Martha no se dejó amedrentar, tratando con expertos en química y pirotecnia, incluso a veces haciéndose pasar por hombre. El resultado fueron diez años de trabajo hasta que patentó su invento en 1859.

El arduo trabajo dio su fruto y la Marina estadounidense se interesó en su proyecto. Aunque tuvo que sortear otro obstáculo, ya que encontrar financiación no fue sencillo. Ante la llegada de la Guerra Civil americana y, pese a que la propia Armada lo consideró como el mejor sistema de señalización ideado, Coston tuvo que presionar al Congreso para que accedieran a comprar su patente, cosa que consiguió, recibiendo 20.000 dólares.

Por desgracia, llegado el siglo XX, la telegrafía inalámbrica y la radio dejaron en un segundo plano el uso de las bengalas. Como consecuencia de este olvido, es llamativo cómo, cuando se hundía el Titanic, se lanzaron bengalas de aviso de color blanco a intervalos irregulares. De haber sido rojas y lanzadas a intervalos de minuto podrían haberse identificado como señal de socorro por el Californian, el buque más cercano. Una desgracia que, aunque sin duda no podía evitarse, quizá sí se habrían mitigado considerablemente sus consecuencias.

Por fortuna tras la guerra este sistema de comunicación se extendió por el mundo y hoy se utiliza para incrementar la seguridad en el mar por numerosas embarcaciones, el Servicio de Socorro y el Servicio Meteorológico de Estados Unidos, así como parte de buques mercantes comerciales y yates privados.